Por Francisco Mariuzzi – 06/12/2025

WordPress nació en 2003 cuando dos jóvenes, Matt Mullenweg y Mike Little, decidieron crear una bifurcación de b2/cafelog. Desde entonces, este proyecto de código abierto creció gracias al aporte de miles de desarrolladores, diseñadores, científicos, blogueros y entusiastas. Hoy, más del 43% de los sitios web del mundo funcionan con WordPress, según los datos oficiales de WordPress.org.

Viajamos rápido a 2025, al norte de España, a una ciudad pequeña rodeada por el río Lérez. Fue ahí donde tuve mi primer contacto real con la plataforma. Como graduado en Relaciones Públicas, en mi formación había visto poco y nada de Sistemas de Gestión de Contenidos, y menos aún de WordPress. Pero después de horas de teoría, práctica, clases y mucha prueba y error en casa, puedo hacer un balance real de mi experiencia.

Imagen de  tarjeta en el WordCamp Galicia
Imagen de mi tarjeta en el WordCamp Galicia

Qué aprendí

Es difícil resumir 35 horas de aprendizaje, pero de igual forma lo intentaré. En pocas palabras, WordPress es dios, no hay otra caracterización, adjetivo o palabra que pueda expresar mejor mi punto que lo anterior.

Con unos pocos clics, un dominio y un proceso de pago (gracias Universidad de Vigo por abrir la cartera) accedí a un mundo de esquemas, estructuras, contenidos e ideas. Tiene sentido que más del 40% de la web utilice WordPress: su panel es intuitivo, su biblioteca de plugins parece interminable y su comunidad es gigantesca. Muchos de los tutoriales, foros y soluciones que encontré fueron gracias a usuarios que aportan a la plataforma día tras día.

A nivel personal, puedo decir que lo que aprendí fue de todo, desde cómo crear un sitio (obvio), maquetarlo, buscar y seleccionar los mejores plugins, hasta buscar soluciones cuando me topaba con un problema. Ya sea desde tutoriales de YouTube o desde espacios como WordPress Developer Resources, siempre había una respuesta.

Qué odié

Odiar es una palabra fuerte, sí, pero si algo aprendí en el máster y de las redes sociales en general es que el clickbait es rey. Ahora bien, no hubo ningún aspecto concreto que haya «odiado» sobre este CMS, pero sí hubo un tema que me resulto un poco abrumador: la cantidad de libertades que da.

Es un poco incoherente, ya que en la sección de arriba fue algo que alabé. Pero cuando uno es nuevo, tener tantas opciones también puede ser una carga. Pasé horas probando temas, ajustando CSS y jugando con Elementor sin saber si lo que hacía “estaba bien” o si iba a romper algo sin querer.

Sin embargo, con el tiempo empecé a agarrarle la mano y entender las distintas funciones y herramientas que da la app. Una vez que le encontré la lógica, experimentar dejó de ser una amenaza y pasó a ser parte del aprendizaje.

Con qué me quedo

Me quedo con muchas habilidades que antes no tenía. No solo aprendí a montar un sitio, sino también a pensar proyectos para un cliente, a diseñar de forma clara y efectiva, y a buscar soluciones creativas cuando la plataforma no me convencía.

A nivel profesional, y por elucubrar un poco, no me veo maquetando páginas web a fututo, pero sí es algo en lo cuál me veré relacionado llegado el caso de un proyecto o un trabajo. Entender cómo funciona, y más importante todavía, saber cómo construir con él, me abre un abanico enorme de posibilidades para aportar ideas, sugerir mejoras y trabajar con criterio.

Imagen motivacional WordPress
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